Tardaste tanto tiempo en llegar que, aunque siempre supe que lo harías, sin saber de qué forma, hoy ya no quiero esperarte.
Por momentos quisiera no haberte soñado tanto, no haber esperado tanto de ti... no haberte idealizado como lo que quería que fueras, y es entonces cuando me doy cuenta de mi error. Simplemente me equivoqué al pensar que podía decidir lo que quería que fueras.
Me perdí tanto dentro de ese ideal creado en mi pensdamiento, y me fundí tanto dentro de esa figura etérea que formé delante de mí, que cuando al fin llegaste, tras años de espera, no supe de inmediato reconocerte.
No eras esa persona que habitaba en mi mente, esa forma ideal que desde siempre soñé, de mirada tierna y a la vez penetrante, de palabras dulces que llevaban consigo autoridad; sin saberlo, había perdido la perspectiva de lo que esperaba de ti: había fabricado en mi mente a la persona ideal, perfecta en cada gesto, en cada palabra, en cada acción; algo imposible de igualar y que tan sólo podría habitar dentro de mí.
Al verte, sin embargo, entendí que me equivoqué durante años. Supe que no eran reales los ojos de miel que había imaginado, ni los rizos rubios con los que te había diseñado. Supe que tus palabras iban más allá de la forma, que tenían un sentido, y que serían capaces de mover montañas y conmover las almas frías, sin tener que ser como yo las había imaginado.
Sin creerlo, vi en ti, al olvidar mis ideas exageradas hasta la perfección, a un alma libre y lista para volar por sí misma, que habitaba dentro de una figura esbelta de tonos pálidos, cabellos oscuros y ojosverdes, casi tan apacibles como el pasto de una pradera, y al mismo tiempo brillantes como una estrella en la noche.
Eso bastó para dejar atrás mis sueños imposibles, para olvidar mis planes y proyectos de vida, destinados a ese ser plástico que había creado durante años sabiendo que nunca existiría. Fue suficiente conocer lo más básico de ti para comprender que no debías parecerte en lo más mínimo a ese ideal de perfección, a esa imagen sin errores, esa creación macabra que pobló mi mente y me impidió, además de ver la realidad, disfrutar durante años de cosas que aún sólo imagino.
En mi mente, siempre habías sido otra cosa, pero para mi alma, fue evidente desde el principio que había estado equivocado. Bastó con conocerte para saber que te había estado esperando, que estarías allí un día para mí. Y finalmente llegaste... ahora todo depende, solamente, de cómo actúe para hacértelo entender.
No hay comentarios:
Publicar un comentario