Toda Venezuela se alegró como nunca antes al conocer la noticia: por primera vez más de 100 atletas del país acudirían a los Juegos Olímpicos tras conseguir su clasificación en diferentes competencias y categorías.
También por primera vez, tres equipos del país acudirían a la máxima cita deportiva en deportes de conjunto.
La situación pintaba como el momento de mayor gloria deportiva para Venezuela, por la cantidad de competidores y la esperanza que el elevado número sembró en los habitantes.
Sin embargo, no se hizo evidente desde el comienzo una realidad que debía ser estudiada en detalle: la mayoría de los atletas clasificados a los Juegos registró marcas mínimas que les llevaron a la cita con un margen muy estrecho, y casi al final del ciclo olímpico, etapa en la que se decide definitivamente en diferentes pruebas clasificatorias a los representantes de cada nación que acudirán a la competencia, la posibilidad de realizar el trabajo necesario para mejorar los registros se hace muy escasa.
El ejemplo más evidente de esto está en la natación. Los atletas dedicados al deporte acuático se clasificaron, en su gran mayoría, registrando la llamada "marca B", justo sobre el récord mínimo requerido para asistir a la justa deportiva.
Es por ello que, pese a la ilusión generada por el número de competidores que asistirían, las posibilidades de que alguno de ellos regresara a casa con una presea (de cualquier tipo) colgada al cuello, eran remotas, detalle del que no se informó debidamente a los seguidores del deporte en el país.
Cabe destacar también el caso de los deportes de equipo. Venezuela acudió a los Juegos de Pekín con tres disciplinas de equipo: voleibol masculino y femenino, y softbol femenino; esta situación nunca antes se había dado. Sin embargo, en este caso la dificultad fue distinta a la de los atletas individuales. Los equipos en la rama femenina (voleibol y softbol), aparecían desde el principo como escuadras con mucha menos experiencia que los rivales a los cuales se enfrentarían. Y en el caso del voleibol masculino, la selección arribó a los Juegos en medio de conflictos internos, marcados básicamente por disputas entre algunos jugadores y el técnico brasileño Ricardo Navajas.
La actuación de los tres equipos se compagina con esas situaciones. Ninguna de las escuadras ha conseguido aún una victoria, e incluso en determinados momentos han lucido apabulladas por sus contrincantes, pese a la voluntad y el esfuerzo demostrado en las canchas.
Luz en el camino
Tras un inicio marcado por las eliminaciones "prematuras" y la pérdida de la ilusión generada en muchos casos, aún quedan algunas cartas por jugar.
La máxima esperanza recae ahora en el boxeo, disciplina en la cual sobreviven dos púgiles de los seis que asistieron.
Pese a eliminaciones marcadas por una diferencia considerable en puntos, o en un caso por un avasallante nocaut técnico en la categoría de 81 kilogramos, se mantienen en carrera dos de las figuras del país que representan el deporte que más triunfos ha significado para Venezuela en citas olímpicas.
En los 54 kilogramos, Héctor Manzanilla luce con una posibilidad real de obtener una medalla que calme las ansias de los venezolanos por ver un triunfo en el lejano oriente. El pugilista ha conquistado la victoria ante un incómodo rival de Ghana y un coreano al que, no sin cierta preocupación, se esperaba que venciera, dada su ubicación en la clasificación mundial de la categoría. Ahora Manzanilla deberá enfrentar a un boxeador proveniente de Islas Mauricio, un recóndito país ubicado en el Océano Pacífico. De vencerlo, el criollo habrá asegurado, al menos, una presea de bronce para Venezuela.
Caso diferente es el de Alfonso Blanco, púgil practicante de la categoría de 75 kilogramos que clasificó directamente a la etapa de octavos de final por su condición de subcampeón mundial. Blanco, una de las mayores esperanzas de obtener medalla para Venezuela desde antes de la competición, se medirá a un pugilista dominicano en su primer combate. De superarlo, algo que debería poder hacer, tendrá que medirse en cuartos de final a un irlandés o un algeriano, dependiendo del resultado del combate entre Darren Sutherland y Nabil Kassel.
El venezolano debería ser capaz de avanzar, teóricamente, en ambas disputas. Sin embargo, la dificultad estaría más adelante, pues de hacerlo, en semifinales debería enfrentarse, si todo resulta como se prevé, al ruso Matvey Koborov, el mismo que lo privó del oro y el campeonato mundial en la competencia de esa categoría efectuada en Chicago en 2007.
Hay otros atletas del país que aún no inician su participación, pero las esperanzas más reales se cifran en los dos boxeadores. Se trata de una posibilidad y una ilusión labrada con esfuerzo, en combate, a puños, como podría decirse literalmente.
Lo ideal sería que ambos competidores, y por qué no alguno más, lograra regresar a su tierra de origen luciendo un metal colgado al cuello, y mostrándolo como símbolo de orgullo a la ciudadanía.
Incluso si esto ocurriera, habría que plantearse una pregunta: ¿cuál fue la magnitud de la inversión necesaria en la preparación de los atletas para obtener unos resultados que parecen poco alentadores tras las expectativas sembradas por las autoridades deportivas del país? Pase lo que pase, con o sin medallas, con o sin triunfos, es hora de iniciar un período de interrogantes y revisiones profundas en la materia.
15-08-2008.
También por primera vez, tres equipos del país acudirían a la máxima cita deportiva en deportes de conjunto.
La situación pintaba como el momento de mayor gloria deportiva para Venezuela, por la cantidad de competidores y la esperanza que el elevado número sembró en los habitantes.
Sin embargo, no se hizo evidente desde el comienzo una realidad que debía ser estudiada en detalle: la mayoría de los atletas clasificados a los Juegos registró marcas mínimas que les llevaron a la cita con un margen muy estrecho, y casi al final del ciclo olímpico, etapa en la que se decide definitivamente en diferentes pruebas clasificatorias a los representantes de cada nación que acudirán a la competencia, la posibilidad de realizar el trabajo necesario para mejorar los registros se hace muy escasa.
El ejemplo más evidente de esto está en la natación. Los atletas dedicados al deporte acuático se clasificaron, en su gran mayoría, registrando la llamada "marca B", justo sobre el récord mínimo requerido para asistir a la justa deportiva.
Es por ello que, pese a la ilusión generada por el número de competidores que asistirían, las posibilidades de que alguno de ellos regresara a casa con una presea (de cualquier tipo) colgada al cuello, eran remotas, detalle del que no se informó debidamente a los seguidores del deporte en el país.
Cabe destacar también el caso de los deportes de equipo. Venezuela acudió a los Juegos de Pekín con tres disciplinas de equipo: voleibol masculino y femenino, y softbol femenino; esta situación nunca antes se había dado. Sin embargo, en este caso la dificultad fue distinta a la de los atletas individuales. Los equipos en la rama femenina (voleibol y softbol), aparecían desde el principo como escuadras con mucha menos experiencia que los rivales a los cuales se enfrentarían. Y en el caso del voleibol masculino, la selección arribó a los Juegos en medio de conflictos internos, marcados básicamente por disputas entre algunos jugadores y el técnico brasileño Ricardo Navajas.
La actuación de los tres equipos se compagina con esas situaciones. Ninguna de las escuadras ha conseguido aún una victoria, e incluso en determinados momentos han lucido apabulladas por sus contrincantes, pese a la voluntad y el esfuerzo demostrado en las canchas.
Luz en el camino
Tras un inicio marcado por las eliminaciones "prematuras" y la pérdida de la ilusión generada en muchos casos, aún quedan algunas cartas por jugar.
La máxima esperanza recae ahora en el boxeo, disciplina en la cual sobreviven dos púgiles de los seis que asistieron.
Pese a eliminaciones marcadas por una diferencia considerable en puntos, o en un caso por un avasallante nocaut técnico en la categoría de 81 kilogramos, se mantienen en carrera dos de las figuras del país que representan el deporte que más triunfos ha significado para Venezuela en citas olímpicas.
En los 54 kilogramos, Héctor Manzanilla luce con una posibilidad real de obtener una medalla que calme las ansias de los venezolanos por ver un triunfo en el lejano oriente. El pugilista ha conquistado la victoria ante un incómodo rival de Ghana y un coreano al que, no sin cierta preocupación, se esperaba que venciera, dada su ubicación en la clasificación mundial de la categoría. Ahora Manzanilla deberá enfrentar a un boxeador proveniente de Islas Mauricio, un recóndito país ubicado en el Océano Pacífico. De vencerlo, el criollo habrá asegurado, al menos, una presea de bronce para Venezuela.
Caso diferente es el de Alfonso Blanco, púgil practicante de la categoría de 75 kilogramos que clasificó directamente a la etapa de octavos de final por su condición de subcampeón mundial. Blanco, una de las mayores esperanzas de obtener medalla para Venezuela desde antes de la competición, se medirá a un pugilista dominicano en su primer combate. De superarlo, algo que debería poder hacer, tendrá que medirse en cuartos de final a un irlandés o un algeriano, dependiendo del resultado del combate entre Darren Sutherland y Nabil Kassel.
El venezolano debería ser capaz de avanzar, teóricamente, en ambas disputas. Sin embargo, la dificultad estaría más adelante, pues de hacerlo, en semifinales debería enfrentarse, si todo resulta como se prevé, al ruso Matvey Koborov, el mismo que lo privó del oro y el campeonato mundial en la competencia de esa categoría efectuada en Chicago en 2007.
Hay otros atletas del país que aún no inician su participación, pero las esperanzas más reales se cifran en los dos boxeadores. Se trata de una posibilidad y una ilusión labrada con esfuerzo, en combate, a puños, como podría decirse literalmente.
Lo ideal sería que ambos competidores, y por qué no alguno más, lograra regresar a su tierra de origen luciendo un metal colgado al cuello, y mostrándolo como símbolo de orgullo a la ciudadanía.
Incluso si esto ocurriera, habría que plantearse una pregunta: ¿cuál fue la magnitud de la inversión necesaria en la preparación de los atletas para obtener unos resultados que parecen poco alentadores tras las expectativas sembradas por las autoridades deportivas del país? Pase lo que pase, con o sin medallas, con o sin triunfos, es hora de iniciar un período de interrogantes y revisiones profundas en la materia.
15-08-2008.
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