Cada vez más, solo frente al mundo, contemplando la inmensidad de un universo que no parece tener final, te veo en cada objeto, en cada cosa, en cada idea, en cada recuerdo, en cada memoria. Te veo tal y como eras aquel día que te conocí; te veo como te fui descubriendo con el tiempo, con todas tus virtudes y tus defectos, esas cosas que añoro al recordarte, que aunque fueron buenas o malas según cada ocasión, dejaron una marca en mí, esa marca visible que conoces, y esa otra invisible para todos, ésa que nadie conoce, de cuya existencia nadie sabe más que yo, ésa que llevo conmigo a todas partes y que no me deja solo, ni en los días más placenteros, ni en las noches solitarias, frías o cálidas, de playa o de montaña, entre amigos o en medio de un páramo desolado que se pierde en el horizonte.
Es en esos momentos cuando pienso que tal vez esté pagando mis errores, aunque quizá nunca los cometí; pero son las ocasiones en las que la nostalgia y la melancolía que me traen tus recuerdos, tus imágenes y tan sólo la evocación de tu nombre, tu persona y tus memorias me hacen recordar que siempre habrá una forma de sentirse mejor, de pensar, por un momento, que para todo hay una solución, que en la vida no estamos solos, y que allí afuera, en alguna parte, quizás mucho más cerca de lo que imaginamos, hay alguien que corresponde a cada uno de nosotros. Después de todo, es la vida, ese concepto escurridizo que nadie ha sido capaz de definir, esa etapa de la existencia en la que, como escuché alguna vez, nadie nos prometió un jardín de rosas, ni de flores, ni siquiera de hierbas; y recuerdo que sólo estamos donde estamos para sentir en carne propia, aunque no sé qué signifique, el peligro que es vivir en sí. Arriesgarnos, vencer obstáculos, conseguir logros y alcanzar metas, supongo, serán los componentes de un significado tan abstracto, pero aún no lo comprendo, hasta ahora todo lo he logrado, lo que quiero, lo que quise, y enfrento con optimismo lo que sé que vendrá, mas, hay algo aún vacío para mí dentro de ese concepto, y es allí donde entras tú, en esa parte donde las almas se acompañan; donde, según muchos creen, existe alguien destinado a acompañarnos, a hacernos más llevadero este período de vida, eso que no entendemos, pero que enfrentamos día a día; y no sé si serás tú o me equivoque, pero hoy es lo que espero, es lo único que justo ahora quiero. Porque justo ahora no cabe otra cosa en mi memoria, en mi mente, en mi cabeza, que pensar, aunque pueda parecer hasta grotesco, que una noche a tu lado, sólo a tu lado, sin tocarte, sin besarte, sin quererte más de lo que quiero, sólo de verte, vale más que toda una vida llena de días en los que no aparezcas nunca más. Justo ahora, sólo verte a un lado vale más que mi verdad, mi realidad, mis aventuras, mis sueños, que los espectros y fantasmas que con el tiempo he dejado atrás; justo ahora, el sólo verte es mi sueño, mi deseo más profundo, sin que me haga falta nada más, me bastaría con verte, con sentirte a un lado, sin que nada que llegue a más de eso deba pasar.
Es lo único que pido. Sólo unos momentos más de verte y recordarte como eres en mi mente, para siempre, sin que nada cambie nunca más para nosotros; sin que el silencio provocado por la ausencia de palabras entre ambos se convierta en la costumbre; sin que el tiempo que se quedó en el pasado sea un obstáculo para verte, una barrera que me impida un día tenerte.
Hoy no quiero más que evocar esos instantes pasajeros en los que falta la agonía, en los que por un momento se proyecta tu alegría en el espacio que me rodea, en el tiempo que dura tan sólo unos segundos, ése que me hace ser feliz, tanto como si hubiera cambiado el mundo. Pero justo allí, cuando me siento en la cima, el mismo tiempo retoma su rumbo, y después de haberse detenido ese momento para dejarme disfrutar de tu sonrisa, de tus ojos, de tu cabello, de tu cuerpo, tu esencia y tu alegría contagiosa que irradia todo alrededor, sigue su camino; imparable, indetenible como sólo él es, imperturbable, incapaz de dejar una satisfacción duradera en mi mente, obsesionado con dejar que mi sufrimiento sea mayor, que mi agonía cause aún más dolor, y cada vez es peor, pues con cada ocasión te veo más y más lejos y encuentro más frío tu calor.
Pero no puedo luchar contra el tiempo, ese enemigo invencible, impenetrable, que cada día deja más marcas y heridas en mí, que a cada momento te hace estar más lejos de mí, más inalcanzable, más imposible para todo lo que sueño; y así es cada vez menos probable que pueda llegar a mostrarte lo que siento por ti. Es ése otro de mis enemigos, el sentimiento, esa voz que no puedo silenciar, esa voz que muchas veces quiero callar, que perturba a cada instante mi tan preciada soledad, ésa que desprecio, y que de pronto me doy cuenta de que muy en el fondo, no es más que yo… es mi voz, es mi soledad, es mi esencia, es todo lo que siempre he sido, lo que siempre he valorado y apreciado; aunque al mismo tiempo sea todo eso que hoy quiero cambiar por completo, por ti.
Por eso cada noche, en medio de la oscuridad más absoluta, bajo un cielo lleno de estrellas, ésas compañeras incansables que llegan junto a mí al final de cada día, no hago más que recordarte, recordar tu imagen, evocar cada uno de esos momentos especiales en los que me dedicas unas pocas de tus palabras que, aunque podrían parecer insignificantes, tienen más sentido para mí que todo lo que escucho que me dicen durante el resto del día, pues eres tú, sólo tú y nadie más, quien acapara por completo mi atención, quien llena mis espacio vacíos, quien sin saberlo reconstruye y deja unidos en unos pocos momentos los pedazos regados de mi corazón en ruinas incendiadas por ilusiones pasajeras que se fueron en el pasado, este corazón que, aún destrozado por el tiempo y las invasiones bárbaras de las que fue víctima, sigue siendo capaz de hacer su trabajo y hasta más; sigue siendo capaz de sentir, de soñar, de ilusionar, de inspirar y de inspirarse, de buscar respuestas más allá de una mirada, esa puerta que cada uno tiene para acceder a su alma, sigue siendo capaz de dar respuestas, de querer, de ilusionarse, sigue haciendo que para mí sea posible volar y además, gracias a ti, últimamente recupera poco a poco una habilidad que hace mucho había perdido, que no parecía capaz de recuperar, gracias a ti poco a poco va siendo capaz de volver a amar. Todo gracias a tu imagen, tu silueta, tu figura celestial, ésa que muy seguramente jamás podré llegar a tener, ésa que no dejaré nunca de anhelar, que no voy a dejar de soñar y que me inspira cada día un poco más, gota a gota, hasta llegar a convertirse en un torrente, el torrente de un manantial que no deja de correr por tus imágenes, tus recuerdos, el torrente de un deseo que no puedo detener, que no logro ni lograré controlar.
Todo porque en ti he encontrado después de mucho tiempo, sin saberlo, sin haber sido capaz de imaginarlo antes, ese reflejo exacto de lo que siempre quise, de todo lo que busqué por tanto tiempo, de todo lo que una vez creí posible, de todo lo que, aún siendo hoy un imposible, una meta inalcanzable, he hallado en ti. Y es que en el espejo de tus ojos, en esa puerta al alma y a la esencia de cada uno, en esos ojos verdes que llevas a todas partes, mee bastó un momento para verme. Sin palabras, sin acciones, fue tan sólo una visión en un instante, pero fue suficiente para saberlo todo, para conocerte en un momento, para saber que, en el fondo, muy en el fondo tal vez, yo soy tú, y tú eres yo. Todo por tus ojos brillantes, por un instante nada más. Pero un momento bastó para que te descubriera, para saber que, después de haberte buscado durante tanto tiempo, ahí estás, y aunque tal vez no logre nada, aunque muy probablemente te irás sin ver atrás, sólo con pensarte me basta para saber que todo lo que siempre soñé era verdad. Era la verdad de mi vida, y de la tuya al mismo tiempo, era eso que nos mueve, que nos hace vivir y sentir, era y es la razón que me hace y me hará seguir. Eras tú, eres y siempre fuiste y serás tú.
- A. A. M.
13 – 02 – 06.
No hay comentarios:
Publicar un comentario